viernes, septiembre 22, 2006

4ª Fase, los relatos I




Sin título - Neofito

Los pillo el amanecer a traición como la noche anterior. Neo se acerco a ella para seguir su respiración de cerca, acomodo su cabello en la almohada, mojada de unas lágrimas que contenian secretos que moririan alli mismo. Iba a velar su sueño para poder recibir de ella la mejor de sus sonrisas. Sonrisas que le alegrarían la vida. Iba a velar su sueño porque ella haría lo mismo por él. Ese día, ese amanecer, se sintio libre.

Libre por fin - Hipocrit

La escena transcurre en la pequeña isla de Vili Varu (Maldivas) El sol esta empezando a desaparecer por el horizonte en creando un amalgama de colores rojizos en el cielo. La temperatura es alta con un elevado grado de humedad, pero la suave brisa convierte la mezclas de calor y humedad en una sensación agradable y refrescante en la piel.
Allí en la playa estamos todos los concursantes Neófito, Virunque, Sernoser, Jbond, Ra, HerculesPipo, Xasel y como no Pelos y un servidor. Junto con las Chicas Nuria, Las hermanas Erika y Valeria, Alicia, Emma, Carolina, Mónica, Penélope, Alejandra, Maria y la recién incorporada Leticia.
Los chicos van todos vestidos con pantalón-bañador tipo bermuda y camisas hawaianas anchas y coloreadas y ellas van con unos pareos de distintos colores muy bien puestos como vestiditos luciendo sus bellas formas y con sandalias de tacón.
Una hora antes estaban jugando partidos de voley en la playa y al acabar se han ido ha duchar todos y a cambiarse para la cena.
De fondo suena la música de una guitarra tañida por el Propio Paco de Lucia que esta sentado en una roca deleitando al grupo, contratado para la ocasión.
El aire se llena de las fragancias que producen unas brasas de maderas aromáticas que se queman mezcladas con el característico olor de las gambas a la barbacoa. Dingo y Big Jack expertos en este tipo de barbacoas han preparado el tema minuciosamente.
Como no empieza a hacer su aparición la luna llena. El día ha sido elegido especialmente. Las risas que siguen a los comentarios graciosos relajan todavía más el ambiente y sobresalen por encima de los acordes de la guitarra.
De repente los ruidos de los tapones de las botellas de cava, seguidos de una breve trayectoria en el aire y aterrizando en la arena, señalan que ya se pueden llenar las copas, menester del que se ocupa Dingo con su habilidad profesional, que las llena al tiempo que las reparte. Las copas se escarchan rápidamente al contacto con el dorado líquido. El Jaume de Codorniu esta en su punto. Los protagonistas inician una ronda de brindis por Bcnrelax, por lujoyplacer, por Neox por la sita Paula y así hasta mentar a todos los moderadores y foreros habituales el tintineo de las copas al chocar pasa a formar también parte de la música del ambiente.
El detalle de Lujoyplacer de sustituir todos los premios, por este único premio para todos ha sido desde luego un puntazo, y ha sido ampliamente celebrado.
Big Jack toca una especie de campana que al oírla los protagonistas varones se acercan a las brasas y recoge cada uno una fuente llena de gambas a la brasa. Y por parejas se van sentando en la arena guardando una distancia de unos 10 metros entre cada pareja. La única excepción es Jbond que se sienta con las dos hermanas Erika y Valeria.. Todos sabíamos que compartíamos este momento, pero reservábamos nuestra parcela de intimidad.
Al tiempo que las bandejas empiezan a vaciarse empiezan los diálogos entre parejas y con una mezcla de susurros interrogantes cada uno va descubriendo a su pareja, preferencias, gustos, inclinaciones. al tiempo que se disfruta de las gambas preparadas por Big Jack y mientras Dingo se ocupa de impedir que se vacíen las copas.
A medida que se van terminando las gambas y con las manos aclaradas con unos bols destinados a ello las manos empiezan a buscarse mientras los labios siguen murmurando poemas de amor. Otros más osados ya pasaban los brazos por encima de los hombros para poder ir tomando las medidas de aquellos cuerpos.
Cuando la luna ya domina el ambiente, alguna parejas abandonan sus ropas en la playa para introducirse en el mar tratando de alcanzar el reflejo de la luna rielando. Otros como yo con Leticia (No os lo había dicho todavía) nos descalzamos y con el calzado en la mano nos vamos caminando por la orilla cogidos de la otra mano. Y así desaparecemos de la escena.
Así caminamos un buen rato, sobraban las palabras, éramos dueños de nuestros silencios. Nuestras conversaciones en silencio eran ricas y abundantes ya que estábamos unidos por los mismos pensamientos.
Caminamos hasta nuestro bungalow disfrutando plenamente de cada segundo de aquellos momentos deseando que aquel día desde que empezó hasta donde llegase nuestra conciencia fuera toda nuestra vida.
Al llegar al bungalow como si de un hito final se tratase no quisimos entrar, queríamos seguir aquel paseo eternamente. Nos miramos a los ojos y como por un hechizo nuestras ropas se deslizaron por nuestra piel hasta quedar depositadas en la arena y empezamos a correr hacia las olas hasta que perdimos el equilibrio y el mar nos engullo con su negrura, salimos a tomar aire nos salpicamos y nos abrazamos. En este abrazo la bese por primera vez, empecé con un pudoroso beso en la mejilla pero continué por el cuello y seguidamente me acerque a su boca, ella acabo de acortar la corta distancia que nos separaba y así entrelazamos nuestras lenguas en el frescor de nuestras bocas. Aquel fue el mecanismo que puso en marcha la pasión. Todavía recuerdo que en la distancia se oían las notas de la guitarra tocada con virtuosismo. Rápidamente empezamos a besar y lamer todo aquello que se nos ponía por delante.
La levante con mis brazos y camine hasta la orilla mientras nuestras bocas seguían inspeccionando nuestras caras.
Al llegar a la arena descubrí la amplia toalla que Dingo nos había dejado preparada junto a un par de copas llenas de cava fresquito.
La deposite suavemente en la toalla nos bebimos un sorbito de cava y nos volvimos a abrazar.
Le pedí que se tumbase de espaldas y me senté a horcajadas sobre sus nalgas y empecé a hacerle un masaje en la espalda, al tiempo que iba descendiendo le fui llenando de besos el relieve de su columna.
Luego me arrodille detrás de ella y masajeé sus glúteos al tiempo que mis dedos acariciaban como plumas todo su valle gluteal. Luego seguí por las piernas para acabar con los pies presionando mis nudillos en cada una de las plantas y introduciendo mis dedos en los entre dedos de sus pies.
Cuando acabe el segundo pie se dio la vuelta, ella tenía muchas ganas de actuar. Empezó con un francés de estos hechos a medida de tamaño y ritmo perfectos, mis gemiditos le indicaban mi estado, sin detener el francés giro su cuerpo hasta ofrecerme su sexo delante de mi cara. Seguidamente fue bajándolo hasta cubrirme como una mascarilla. Mi lengua paladeaba todos los néctares expelidos por aquel sexo.
Note que ya no podía más y que iba a correrme y así fue con un ritmo perfecto. Fue parando poco a poco mientras un cosquilleo relajante recorría todo mi cuerpo.
Se me estaban cerrando los ojos cuando oí el desafío ¿A qué no me agarras? Y rápidamente corrió de nuevo hacia el mar. Nada peor que decirme que no soy capaz de algo para incitarme a hacerlo, así que de un salto me levanté y corrí hacia ella, jugaba conmigo en vez de correr se dedicaba a esquivarme cada vez que corría hacia ella. Daba un saltito y yo pasaba de largo, hasta que una vez en vez de saltar corrió de nuevo hacia la playa y tal como llegaba se tendió boca arriba en la toalla ofreciéndome todo su cuerpo. Imposible negarse, mi erección era como la de un toallero, así que me tumbe encima de ella y la penetre al ritmo que su cuerpo me pedía. Le susurre amor eterno para toda aquella noche, y empecé a moverme bombeando cada vez más rápido. Ella empezó a gemir nuevamente mientras yo notaba que sus contracciones vaginales masajeaban mi miembro provocando que ambos gozásemos simultáneamente del momento. Lo último que recuerdo es ver su cariñosa sonrisa de satisfacción mientras yo caía abatido por el cansancio, a su lado.

Estas son las últimas imágenes que recuerdo de la noche de ayer. Escribo esto mientras saboreo un café con leche en la terraza del bungalow y oigo el sonido de la ducha en el interior. Esta amaneciendo, Tengo que pensar como agradecer a bcnrelax y a lujoyplacer el haberme permitido saborear estas horas de mi vida con tanta intensidad, aunque para ello me halla tenido que currar lo que me he currado y estresar lo que me he estresado, pero ahora a toro pasado me siento libre como el sol en este amanecer que estoy contemplando.


Libre como el sol cuando amanece... libre como el mar... – Xasel

Libre como el sol cuando amanece…, yo soy libre…, como el mar…
Libre como el viento…
Así rezaba aquella canción de Nino Bravo.. y así era mi vida… en ese instante, viviendo en “libertad”, sin ataduras, buscando mi camino, buscando mi destino…
Había que vivir nuevas experiencias, había que abrir nuevas puertas… y así lo hice…

¡¡Decidido!!.
Hoy es el día.
Desde hace tiempo que me ronda por la cabeza el ir a un club de alterne. ¿Por qué no hoy?. Es un día tan bueno como cualquier otro. Siempre paso por delante de uno: “Showgirls” (muy internacional). Llamativo en la entrada, iluminado con brillantes y coloridas luces de neón. He visto propaganda de él en la prensa: “Tome una copa con la mejor compañía”, “Desnudos integrales cada media hora”, “Entrada libre”, “Consumición obligatoria”... Me imagino (sobre todo por el nombre ,que evoca los clubs de striptease americano) que se trata de una local con barra para el alterne, con reservados para las relaciones sexuales y con una zona de baile donde las chicas hacen striptease. ¿Por qué no ir?.
Si, me voy para allí.
Siento un cierto nerviosismo en el momento de ir a abrir la puerta. ¿Qué encontraré en el otro lado?. Valor y al toro (y a esperar que no me pille por los cuernos). La primera sensación es de desconcierto. Al abrir la puerta me recibe un chorro de música y un ambiente oscuro y en penumbras. Me quedo quieto unos instantes (me doy cuenta que valoro el cerrar y quedarme fuera, pero tampoco hay para tanto). Enseguida mis ojos se adaptan al nivel de luz y empiezan a “ver”. Lo primero que distinguen es un grupo de chicas, unas sentadas en taburetes frente a una barra y las otras de pie a su lado que me están haciendo el objeto de sus miradas (hora de hacer de tripas corazón). Entro y cierro a mi espalda. Primer vistazo al local. A la izquierda una larga barra que se adentra en perpendicular a la puerta de entrada, frente a ésta los taburetes en cuestión y una buena cantidad de chicas (de momento no veo ningún hombre). Un pasillo relativamente estrecho y frente a la barra un gran cristal (presumo que para ganar en profundidad). Desde mi posición actual no acierto a ver nada mas. No veo hueco en la barra. (¿qué hago ahora?). Tengo que ir hacia el interior. Me siento observado (normal porque me están mirando). Unos metros más adelante veo un espacio vacío en la barra con un oportuno taburete en frente del espacio. Me siento. No tengo ni tiempo de observar con mas detalle el local cuando dos chicas en el supuesto papel de camareras (por su ubicación en el interior de la barra) se acercan a mi, se paran, se miran y con un gesto casi imperceptivo se “adjudican” quien me “atiende”. No se como pero entre ellas se deciden y una queda frente a mi.
Me pregunta que quiero tomar (seria y distante). Respondo. Se aleja a buscarlo. Momento para la observación. No es un local grande. Predomina la larga barra que es donde se aglutina la actividad (las chicas). Al final de la barra hay un pequeño escenario que deduzco es el que se utiliza para los stripteases. Enfrente de este un barra (sólo para poder dejar las copas) y más taburetes. Hacia el interior del local se ve, mas en penumbras todavía, una especie de reservados (imagino que es allí donde concluyen los acuerdos “carnal-económicos”) y antes de llegar a estos unas escaleras que descienden hacia vete a saber que oculto lugar (seguramente reservados más reservados).
Me sirve la bebida en silencio y se retira hacia atrás. ¿No le intereso o está dejando paso libre a las “profesionales” de verdad?. Miro a mi alrededor. Sólo hay un hombre más que está conveniente y cariñosamente acompañado. Ello motiva que sea el centro de atención de algunas chicas (víctima a la vista). Trato de mirar a las chicas, pero es difícil, porque me encuentro con sus miradas y prefiero evitarlas (no quiero dar la sensación de que ando “buscándolas”, al menos de momento sólo quiero ver). Hay una variedad de estilos muy marcada. Toda vestidas más o menos provocativamente (la elegancia brilla por su ausencia). Priman los tops ajustados que cubren los pechos y poco mas y las minifaldas vertiginosas que te hacen dudar de que lleven ropa interior (enseñar el máximo de la “mercancía” sin llegar a enseñar nada por lo que uno cobraría). Las hay delgadas y alguna mas entradita en carnes (ninguna gorda, lo que en parte parece lógico). Morenas, rubias y pelirrojas. Por las facciones una gran mayoría son sudamericanas. En general se las ve a todas muy o bastante jóvenes (¿no es un oficio para la madurez?). Lo cierto es que alguna que otra es muy guapa y con unos buenos cuerpos (eso no lo disimulan en absoluto), no en balde se dedican a lo que se dedican. ¿Me pregunto cómo serán? (manera de ser y de pensar). Podría hablar con alguna, pero no se como acercarme. Espero que se acerquen ellas, aunque quizas lo haga una que no me guste. Supongo que lo mejor es mirar a una que me atraiga para ver si así capto su atención y se acerca. Me fijo en una de las chicas que está en el interior de la barra (¿se prostituirá como las de fuera de la barra o sólo servirá copas?. Deduzco que la cosa funciona así: las de fuera son participes del comercio sexual y las de dentro sólo camareras, aunque sabiendo que tienen comisión de las copas que comparten (o al menos eso tengo entendido), es probable que también acepten invitaciones. Podría empezar por ahí. Si me mira verá que la miro, se acercará, nos presentaremos, la invitaré a una copa y charlaremos un rato. Me atrae la idea. Quiero saber un poco como son las chicas de estos ambientes. Empiezo a mirarla. No tengo tiempo de mas. Noto una mano en mi hombro. Giro la cara y me encuentro a escasos centímetros de la mía una cara de mujer (facciones sudamericanas). Me separo un poco para ver mejor de quien se trata (no digo nada).
-“¿Qué haces tan solito?”. Por si tenía alguna posible duda sobre su nacionalidad, esta queda olvidada al oir su meloso y cantarín modo de hablar (soy incapaz de determinar el país, pero su tez y piel morena; amulatada; su melena negra intensa, sus labios carnosos y sus ojos entre grandes y rasgados me hacen pensar en un país tropical).
-“Tomar una copa”. Supongo que ha sido una respuesta estúpida, pero no se (no conozco las reglas) que se supone debo contestar.
-“¿Y por qué te la tomas solo?. A la melosa voz acompaña una mano que me rodea la cintura (ya veo que no se andan con chiquitas)
-“¿Y por qué no...?”. No se muy bien porque, pero mi en mi tono de voz denoto estar a la defensiva (seguramente no me ha gustado que una “desconocida” haya entrado tan rápido en la intimidad de mi terreno personal. Se toma demasiada confianzas y no me gusta. me disgusta).
-“Invítame a una copa”. Casi siento el deseo de ser grosero. ¿Todas son así?. Ni preguntar mi nombre, ni intentar camelarme...., directa a la copa y a su comisión.
-“Prefiero tomármela solo”. Tono de voz serio, cortante. Mi mirada al frente ignorándola deliberadamente con la esperanza de que se marche. No funciona. Se queda allí. Parece que sus objetivos están claros. Se abraza a mi y me los aclara
-“¿Por qué no vamos abajo?”. Obviamente da por sentado que se lo que es ir abajo (sin duda los reservados que he catalogado como más íntimos). Pero prefiero no preguntar. Quiero recuperar mi espacio y mi “intimidad” perdida. Contesto con un no tajante. Se marcha en silencio sin decir ni la mas mínima palabra de cortés despedida.
Esto empieza mal...
La música cambia y las luces se intensifican hacia mi derecha. El “show” ha empezado. En el podium que había deducido sabiamente (listo que debo de ser) era para los striptease, una chica se mueve al ritmo de la música. No soy el único que se centra en ella. Lo curioso es que a excepción del cliente que antes he visto, todos los demás presentes en el local son chicas y... casi le prestan mas atención que yo.
La chica en cuestión esta muy bien. Rubia, media melena, guapa y un cuerpo de impresión. Lleva un ceñido vestido rojo, exageradamente escotado y vertiginosamente corto. Casi no hace falta que se quite la ropa porque si bien no se ve, es indudable que toda su anatomía “queda a la vista”. Sigo mirándola fijamente. me centro en su ojos. Rasgados, intensos. Su mirada y la mia se encuentran. No deja de bailar pero mantiene la vista en mi. Sonríe. Hago un conato de devolver la sonrisa pero dudo de que haya sido perceptivo. Se gira y sigue con su baile insinuante. Pasan unos minutos (al menos a mi me parecen minutos) y sigue con su baile, lleno de movimientos provocativos, lleno de exagerados escorzos para marcar sus pechos, su trasero. Me mira un par de veces mas y en la ultima, mientras me mira me dedica su movimiento experto y mil veces repetido por el cual con toda naturalidad suelta su vestido dejando a la vista su casi total desnudez.. Sólo la cubre un minúsculo tanga del mismo color que el vestido que acaba de quitarse. Un cuerpo precioso. Sigue con sus movimientos de marcado cariz sexual sin dejar de mirar. Se toca los pechos. Impresionantes. De un buen tamaño y de una firmeza que hace pensar en un relleno de silicona, aunque la forma en que se amoldan a sus manos me quitan esa idea de la cabeza. Fisicamente un diez. Sigue el baile y llegado el final culmina quitándose el tanga y mostrándose desnuda frente a todos (la verdad es que frente a mi, porque en el momento de parar de bailar y mirar al “tendido”, su vista vuelve a fijarse en mi). Me he centrado todo el momento en su cara, con vistazos lo máximo disimulados a sus preciosos y perfectos pechos, pero ahora hago esfuerzos para no permitir que mi vista vuele directa al triangulo inferior de su pelvis, aunque irremediablemente le dedico una “ojeada”. Perfectamente recortado, forma un real triangulo que da todavía más énfasis a una zona ya de por si tentadora..
Se baja del podium y entre tímidos aplausos de un par o tres de sus “compañeras” (yo sigo prudente y discretamente en silencio) se va hacia el interior del local a, deduzco, vestirse.
Vuelve a cambiar la música. Se apagan las luces del podium. Todo el mundo vuelve a lo suyo. Las chicas de detrás de la barra a permanecer serias y distantes. El cliente a centrar su atención en la chica “melosa” que tiene agarrada al cuello. El resto de las chicas a darme vistazos en un supuesta y esperada invitación a que se acerquen. Y yo... yo centrado en mi copa, no sea que abra más puertas de las que yo quisiera.
Inocente de mi levanto la vista. La camarera en la que me había fijado antes de ser interrumpido por la asediante suramericana (o centroamericana, váyase a saber) me esta mirando. Me sonríe (parece que ese es el saludo “oficial”). Esta vez si acierto a sonreír. Se acerca. Me saluda. La pregunta, la que harán todas: “¿Qué haces tan sólo?”. Y es que supongo que esa es la mejor manera de romper el hielo. Estoy tentado de ser tan “brusco” como antes, pero me da la sensación de que esta chica es menos “directa” que la anterior. Además es española (no tengo nada contra las de mas allá del charco, pero en ese momento de desconcierto siento que me entenderé mejor con el producto nacional). Contesto lo evidente: “Tomando una copa”, aunque mi tono es más cordial que antes y mi sonrisa acompaña mis palabras. Y empezamos una serie de tópicos (creo que debe ser el algo así como el decálogo de la buena alternadora).
-“¿Es la primera vez que vienes?”.
-“¿Cómo te llamas?”
-“¿De donde eres?”.
-“¿A qué te dedicas?”.
-“¿Te gusta el local?”
-“¿Sueles ir por estos ambientes?”
-“¿Te ha gustado el espectáculo?”...
Mas que una conversación es un interrogatorio. Pero la chica pone “interés”, mantiene la distancia, sonríe y me mira a los ojos. No me siento incomodo.
La chica que ha hecho el striptease se coloca detrás de mi. La veo por el espejo que hay detrás de la barra. Esta mirando hacia el espejo directamente a mis ojos. Y la camarera que sigue preguntando... Me siento entre dos “leonas” dispuestas a luchar por su presa (¿no me estaré pasando al pensar así...?). Miradas entre ellas. Las dos se mantienen firmes. Se están diciendo: “Esta pieza será mía”. Empiezo a comprender como se siente una chica al ser constantemente “observada” por nosotros. La chica de la barra se mantiene firme frente a mi. La “bailarina” detrás observando por el espejo. Mi mirada se desvía de una a otra. Empiezo a incomodarme.
Llega un nuevo cliente. Se sienta cerca mío. La camarera que estaba conmigo se siente obligada a atenderle. Se retira a buscar la bebida. Luz verde para la bailarina. No duda en colocarse a mi lado. No dice nada. Me mira. Sonríe. Sonrío. Me siento un poco tonto ante este silencio. Mejor lo rompo.
-“Hola”. No ha sido lo más original, pero al menos me alivia la incomodidad creciente.
-“Hola. ¿cómo estás?”. Voz dulce.
-“Bien ¿y tu?”. Seguimos siendo de una profundidad que asusta.
-“¿Te molesto si me siento aquí?”. Educación y respeto por mi espacio... un rasgo nuevo (¿será que a la tercera va la vencida?).
-“En absoluto”. Suena demasiado ha agrado y prefiero que no sea así. Mejor “neutralizo” las cosas: “El mundo es libre...” O lo que es lo mismo: toma tus decisiones y siéntete libre con ellas, que al fin y al cabo yo no formo parte implícita de estas (que filosofal).
-“Gracias”. Sigue la formalidad (reconozco que se me hace raro). Seguiré con la cortesía.
-“Bailas muy bien...”
-“Gracias... me gusta mucho bailar”. Soy consciente que ha dicho bailar..., no desnudarse (sin duda es una matización importante).
Me voy sintiendo más cómodo. A lo mejor tampoco es tan malo el resultado final.
Sin duda esto ha mejorado.
¿O no…?, porque una hora después estoy pensando lo siguiente:

Reconozco que ha sido una experiencia, cuando menos... “abstracta”. Debo ser el primero (seguro que no, pero como en algo tengo que ser el primero, porque no en esto) que se decide a ir a un club de alterne (“puticlub” para ser claros) por primera vez en su vida y se pone a tomar una copa (alternar) con una chica que no “hace reservados”. Así soy yo. La bailarina ha resultado ser una chica agradable (a la par que bonita y con buen cuerpo... vamos, que estaba buena), pero tras hablar con ella, tras invitarla a una copa (curioso pero ella no lo ha pedido. Tendría que haber sospechado que algo había) he descubierto que ella no “entraba” (en este caso “bajaba” porque debía de irse al piso inferior) con clientes. Vamos, que era un caso atípico; al menos en ese local (según palabras suyas era la única chica que “actuaba” así). Sonia, que aquí se llama se dedica sólo a bailar (desnudarse) varias veces al día (hay mas chicas que lo hacen, pero esas hacen de todo) y por exigencias del guión, de cuando en cuando habla con algún cliente y acepta sus copas (yo diría mas bien por la comisión..., pero creo que entiendo a que se refería). En fin, que hemos hablado, compartido una copa y nada más...
De verdad que a veces pienso que soy un “bicho” raro... En fin, una experiencia más “no vivida”, pero me ha quedado el gusanillo. Supongo que volveré otro día y ya veremos. Igual repito (o sea sólo hablo y hablo, pagando para ello, como a un psicólogo cualquiera) o bien cambio de tercio y “escojo” a otra chica con la que llegar a mas... (aunque no se si iba a estar animado o preparado para ello). Ya veremos. Tiempo al tiempo.

Y el tiempo pasó… aunque poco.. y seguía siendo libre como el viento, de modo que.. había que seguir descubriendo y.. regresé al mismo lugar… ¿Por qué…?, nunca tendré una respuesta pero… ahí estaba yo de nuevo…

La entrada es idéntica a la de la última vez. Me siento entrar en un mundo a media luz (que luego no es tal, pues sólo se trata del cambio de intensidad lumínica del exterior al interior) y la primera impresión se repite también. Soy objeto de las miradas “evaluativas” de las chicas presentes. Una chica está bailando en el “podium” (es decir, desnudándose al ritmo de la música ), pero no es la misma que en la vez anterior. Esta ni es tan bonita ni su cuerpo tan espléndido, pero para mirar ya está bien.
Me coloco en el mismo lugar que la última vez y pido lo mismo para beber (espero no obstante que esta vez algo sea diferente). La camarera con la que hablé en mi otra visita no está (¿habrá mucho movimiento de personal en estos locales?). Me quedo sólo con mi copa. La música del “striptise” termina y la muchacha ya desnuda se va hacia le interior del local. Regresa la música enlatada y sigo en “soledad” con mi copa.. Empiezo a explorar que “hay” a mi alrededor. Veo algunas caras conocidas, entre las que están la que se me acercó y “rechacé”. Noto que me mira y retira su mirada. Sin duda recuerda mi “negativa” (¿vanidoso qué es uno al pensar que se acuerda de mi..?). Sigo explorando. Veo una camarera (deduzco porque se encuentra en el interior de la barra) que no había visto. Guapa. Buen tipo. Rubia con melena corta, facciones dulces, ojos de un azul verdoso (a pesar de la poca luz, un foco oportuno me permite distinguir eso). Viste un ajustado vestido blanco sujeto por un solo tirante, lo que deja un hombro precioso completamente descubierto (siempre me han gustado los vestidos de mujer con los hombros descubiertos). El vestido es largo, pero una vertiginosa raja lateral enseña una muy estilizada y bien contorneada pierna hasta más arriba del muslo. Una mujer muy atractiva y no exenta de clase (la siento como fuera de lugar). Ni siquiera me mira (¿desprecio o indiferencia?).
Una voz me saluda a mi espalda. Es la bailarina con la que estuve charlando. Se acuerda de mi (no se porque pero me sorprende, pero que lo hiciese la otra chica no.. que cosas). Nos saludamos y ella intenta empezar una conversación. No estoy por la labor, sin duda recordando que ella no “entra”. No se si realmente llevaré a cabo mi decisión de probar esta nueva experiencia del “amor” de pago (¿por qué no le llamo sexo?), pero al menos prefiero no dedicar mi tiempo a una chica que, aunque agradable y bonita, no me va a dar opción a hacer realidad ese deseo (si me atrevo a ello). Termina por despedirse cortésmente.
Se acerca otra. Sudamericana. Se marcha enseguida (no me gusta su estilo).
Otra. Española. Intercambiamos unas palabras y enseguida me pide una copa. Se va por donde ha venido (lo cierto es que hace rato que no dejo de mirar a la camarera rubia, que sigue ignorándome).
Llega una nueva chica (desde luego esto es un fluir constante). Brasileña. Esta es espectacular pero algo en m me frena. De nuevo solo.
Empiezo a pensar que voy a terminar por irme como he venido. Y la rubia sigue sin mirarme.
Un nuevo “striptease” va a comenzar. Se trata de la chica que no “entra”. Al menos me voy a alegrar la vista.
La verdad es que esta buena.
-“¿Te gusta?”. La pregunta me coge desprevenido. Me giro hacia la voz. Es la camarera rubia, que frente a mi me mira esperando una respuesta (¿empezará a cambiar la cosa?). Le sonrió divertido (no por la pregunta si no porque al fin se ha dado cuenta de que estoy ahí)
-“Si...”. Desvío la mirada y regreso a la ya completamente desnuda bailarina. Una pose de duro que no se porque tomo.
-“¿Y entonces por qué no la has invitado a una copa...?”. Vuelvo a sonreír, ahora más gratificado, pues con sus palabras me demuestra que aunque yo no he sido consciente, ella si se ha fijado en mi y ha visto como he hablado con la chica del “podium”. Ya ha captado mi atención. Estoy tentado de decirle: “Porque no folla...”, pero tengo la suficiente cordura como para medir mis palabras.
-“¿Y cómo sabes tu eso...?”. Quiero que confirme que me ha observado.
-“¿Te crees qué no he visto como se te ha acercado?”. La verdad es que no era consciente de que lo había hecho, pero me doy cuenta de que si.
-“Tal vez la invite ahora..., cuando acabe de bailar”. Me vuelve a salir la estúpida pose del chico duro.
-“No te creo...”. Sonríe pícaramente. Me gusta. No quiero que se vaya. Mejor dejo mi pose de chico duro (que además no se porque la pongo).
-“Aciertas...”. Dejo un cierto misterio en el aire que estoy convencido la atraerá.
-“Pero has dicho que te gusta...”. Noto su interés.
-“Si..., reconozco que es bonita, que está bien..., pero todo ello no quiere decir que por eso quiera estar con ella”. He puesto un cierto énfasis en la palabra estar que seguro que no le ha pasado desapercibido.
-“Pues mejor que sea así, porque ella no entra...”. Me siento impulsado a preguntarle si ella si, pero de nuevo acierto a reprimirme.
-“Yo he dicho estar..., no entrar”. Me gusta jugar, es innegable. Ella sonríe consciente de que es un juego verbal y no una aclaración real. Veo en sus ojos un brillo inteligente. Sabe estar al nivel.
-“Ni yo he dicho que lo hayas dicho... sólo te lo comentaba”. No deja de sonreír y mirarme a los ojos (ni me he dado cuenta de que la bailarina ha terminado su pase y ya se ha retirado a vestirse de nuevo).
-“En eso tienes razón...”. Le cedo la palabra a ver como sigue.
-“¿Y las demás...?. Está intrigada en saber que busco, pero no me lo va a preguntar directamente. Ni yo se lo voy a decir.
-“¿Qué pasa con las demás...?”. Otra vez cesión.
-“A todas te las has sacado de encima..., ¿no te interesa ninguna?”.
-“No...”. Mi sonrisa franca y mi mirada explícita es mejor que una respuesta directa, que ella capta pero trata de disimular.
-“¿Selectivo...?”.
-“Mucho...”. El mensaje está mas que lanzado. Pero no seré claro, debe ser ella la que de el paso definitivo.
-“¿Y no ves ninguna chica por aquí que... colme tus expectativas...?”. esta sabiendo llevarme.
-“Si...”. Que bien está dirigiendo la conversación.
-“¿Y... por qué no hablas con ella...?”. Es una artista, sabe jugar a la seducción y aunque yo le he dado un pie tras otro, ella ha sabido leerlos a la perfección (quiero acostarme con ella, lo se...).
-“¿Y quién te dice que no lo estoy haciendo...?”. Me gusta mucho este juego y noto que a ella también.
-“¿Lo estás haciendo...?”. Desde luego esta al nivel.
-“Tal vez...”. No hemos dejado de mirarnos ni un momento. Creo que va a ser una “experiencia” interesante.
-“¿Y cómo se supone que podemos confirmarlo...?”. Desde luego ha sonado a invitación, pero no quiero precipitarme. Prefiero andar paso a paso pero hacerlo bien.
-“¿Qué tal tomando una copa juntos...?”. De este modo acepto su invitación y no corro el riesgo de pensar que era una invitación más íntima y tal vez equivocarme o precipitarme.
-“Me parece una excelente idea...”
Ella misma se la sirve, con estilo, cogiendo la botella de cava como debe cogerse, colocando la mano en el “culo” de la botella y apoyando los dedos a su alrededor con el dedo gordo “metido” en el hueco que hay en la base de la botella para tal efecto. Poca gente lo hace o sabe hacerlo. Eso demuestra una cierta clase y formación (o al menos a mí me gusta verlo así).
La charla es agradable. Buena conversadora (yo no lo soy, pero si me saben llevar puedo estar a la altura). Sus facciones dulces me tienen absorbido. Se llama Alexia (o se hace llamar así, que sin duda no es su nombre real, aunque no indago al respecto)
Casi sin darme cuenta la estoy invitando a una segunda copa (¿me va a salir muy caro...?, va..., que importa, el que algo quiere algo le cuesta y la verdad es que me lo estoy pasando bien).
Me siento un poco incomodo teniéndola al otro lado de la barra. Hace que la sienta un poco mas inaccesible. Me gustaría que estuviese sentada a mi lado. Voy a tantear el terreno.
-“¿Y tu nunca sales fuera?”. Si me dice que no me deja por los suelos.
-“No tengo al costumbre”. Respuesta neutra.
-“¿Pero lo haces...?”. Necesito una confirmación
-“No suelo hacerlo”.
-“¿Pero lo haces...?”.
-“A veces...”
-“Y... ¿hoy podría ser una de esas veces?”. Me siento algo nervioso (temo quedarme otra vez a dos velas... y con esta chica me gustaría llegar a mas)
-“Podría...”. Desde luego que se hace de rogar.
-“Pues entonces sal y siéntate a mi lado...”. Estúpidamente temo un rechazo.
-“Ya veremos..., de momento no”. Me desinflo. Es una puerta abierta, pero a su vez puede ser una manipulación para hacerme albergar la esperanza y conseguir que sigan cayendo copas. Y lo peor es que me tiene lo suficientemente interesado como para que así sea.
Miro el reloj y soy por primera vez consciente de que ya llevamos mas de una hora de conversación (y varias chicas bailando y quitándose la ropa a las que no he prestado atención). Alexia me tiene muy embelesado y ella lo sabe. ¿Hasta donde lo llevará...?. Me empiezo a sentir obligado de decir que se ponga una tercera copa para así conservar su compañía (y no veo atisbos de que terminemos en la cama).
Se disculpa para ir al baño. Valoro mis opciones. Seguramente he apuntado donde no debía y no voy a saciar mi deseo sexual. Por otra parte me gusta su compañía y eso hace que no me sienta tan “utilizado”.
La veo regresar. Que bonita figura, que bonita cara..., tiene que ser un placer gozar de ella. Se acerca. No se dirige al interior de la barra. Se sienta a mi lado…
-“Bueno..., ya lo has conseguido. Ya he salido...”. Se que la marioneta soy yo, pero me siento triunfador (seré banalmente idiota...). Me gusta tenerla sentada a mi lado y presumir de ella como si de un trofeo se tratara. Sus compañeras la miran (sobre todo las que siempre están a este lado de la barra) y eso me lleva a pensar que ha hecho algo que raramente hace (¿mi falsa vanidad?). No le doy mas vueltas. Esta a mi lado y eso es lo que yo quería. La invito a una nueva copa. (¿ya tiene lo que ella quería...?, es una maestra). Estoy convencido de que he caído en una perfecta tela de araña, en la cual estoy firmemente atrapado..., dulcemente atrapado, a gusto en la compañía de Alexia y convencido de que ella está gusto con la mía (¿este es el arte de una profesional..., hacerme perder la noción de la realidad y creer en lo que no es cierto...?).
-“Al final conseguirás emborracharme”. Sigue tejiendo su red.
-“¿Y eso es bueno o es malo...?”.
-“Nunca se sabe...”. Me muestra su sonrisa más pícara. No ha dejado ni en un momento de mover los hilos, lo que me invita a ser un poco más osado e intentar llevar un poco el control (infimamente claro…).
-“¿Y si nos sentamos allí?”. Le indico con mi cabeza la pequeña barra situada justo detrás del “podium” donde las bailarinas muestran sus cuerpos. Es una barra discreta, en una zona poco iluminada y donde no hay nadie. Ella acepta con un movimiento de cabeza y se levanta para ir hacia el lugar sugerido. No puedo evitar mirar como mueve su trasero, sin exagerar, con naturalidad pero de un modo seductor y tentador.
Retomamos nuestra conversación, pero esta vez estamos muy cerca, peligrosamente cerca diría yo. Huelo su perfume y cuando nos hablamos nos acercamos mucho, rozando en ocasiones nuestra mejillas. Me tiene...

Y así fue…, me tuvo o la tuve yo a ella, lo cual nunca sabré discernir… Lo cierto, es que en esta ocasión, tras salir del local mi mente no lamentaba nada.. sólo saboreaba el recuerdo de aquella nueva experiencia.., de aquella nueva vivencia de mi libertad…

Dulce, apasionada, entregada... hablando claro ha sido una maravilla de “polvo”, pero no me he sentido en ningún momento como estando con una “profesional” (aunque tal vez ahí radica su profesionalidad)..., todo lo contrario, ha sido como hacerlo con una mujer a la que deseas, a la que quieres hacer tuya y que ella quiere lo mismo. Nada de sexo “extraño”, nada de posturas extrañas, nada de tener que fingir (creo que no es vanidad si digo que ella no a fingido su placer, aunque se de la muy oída capacidad que tienen las profesionales para hacerlo). No ha hecho falta hablar. En una de nuestras cercanas “confesiones” al oído, no he podido resistirme al deseo incontrolado de besar la mejilla de Alexia, muy cerca de la comisura de sus labios... y ella tampoco ha podido resistirse (aunque esto sea imaginado, me gusta verlo así) a la tentación de poner sus labios en los míos. Besos dulces, suaves, entrecortados. Una dulzura. Y pronto, nuestras lenguas se han buscado. Y luego nuestros cuerpos. Alexia se ha incorporado de su taburete y me ha rodeado con sus brazo, haciéndome sentir el calor de su cuerpo, haciéndome sentir una respiración... ¿excitada?. No lo se, pero da igual, porque se ha dejado llevar (¿o me ha llevado como ha querido..?). Ha tomado mi mano y la puesto sobre su pecho, cuidando que mi propio cuerpo protegiese este hecho de las miradas ajenas. La tersura que he notado a través de su fino vestido... ¡¡Cómo me ha puesto en un momento!!.
Sólo han sido unos minutos... No, mejor segundos y ya sólo quedaba un camino a seguir. Y una vez más me ha sorprendido la delicadeza de Alexia (¿la profesionalidad?). Se ha separado un poco de mi, me ha tomado las manos, me ha mirado fijamente a los ojos y a dicho con una voz llena de sensualidad: “No quiero hablar de esto..., pero...”. La he invitado a continuar y ella ha seguido haciéndome suyo: “Quiero estar contigo...”. Un sentido deseo (¿seguro...?) de no dejar lo que estaba pasando en un “magreo” adolescente y en ir a culminar nuestra mutua entrega en una habitación, donde dar rienda suelta a nuestros deseos más ocultos. Mi respuesta ha sido la única que podía articular: “Y yo contigo...”. Faltaba la parte dura, la parte que hacia olvidar que aquello no era real, que aquello no era mas que un trabajo (pero sigo pensando que para Alexia hoy no ha sido trabajo, si no una sincera oportunidad de gozar con libertad) y ella ha sabido continuar llevándolo con la delicadeza que se le debería presuponer (aunque las otras chicas del local con las que había hablado no la habían demostrado): “¿Entonces...?”. Las palabras justas, sin decir pero indicando. Yo tampoco he dicho nada. He sacado mi VISA y en silencio se la he entregado, poniéndome al cien por cien en sus manos (con la irresponsabilidad de ignorar que importe me iba a suponer aquello..., pero..., que mas daba... lo estaba deseando con locura). Me ha besado en silencio, con dulzura y se ha ido a cumplir con el rito de cobrar... para dar (al fin y al cabo... profesional). No me ha importado.
Ha vuelto, en silencio. He firmado mi aceptación al pago por lo que iba a recibir (caro, pero dada la preciosidad de muñeca con que me encontraba y lo que me estaba haciendo sentir y esperaba sentir... me ha parecido razonable) y de nuevo en silencio, tomándome de la mano me ha llevado a ese misterioso mundo del piso inferior, donde los acuerdos comerciales llegados en la barra se culminaban.
Una habitación con una cama amplia, muy amplia, con sábanas limpias sobre ella dispuesta para su uso. Unas paredes y un techo de espejos, una bañera redonda (imagino con jacuzzi) al lado de la cual se encuentran pulcramente plegadas sendas toallas de baño. Luz indirecta, regulable, que Alexia, nada mas entrar y cerrar la puerta disminuye su intensidad dejando en la habitación un cálido ambiente que acompañado por la melódica música que suena en el hilo musical invita a dejarse llevar.
Hemos seguido en silencio, sin palabras, sin falsas palabras. Me he acercado a ella, la he tomado por la cintura y me he dejado llevar por mi irrefrenable deseo. Besos, abrazos, caricias. Mezcla de dulzura y pasión. Mis manos recorriendo su cuerpo, haciendo míos sus pechos, sus nalgas y ella dando la sensación de disfrutar con aquello. No se muy bien como, pero pronto su vestido a resbalado por su cuerpo, quedando ella en mis brazos vestida sólo por su minúsculo tanga. Me he apartado para admirar su perfecta figura, sus preciosos pechos... y he vuelto a hacerla mía, ahora con mi boca, con mis labios, repitiendo el recorrido que habían hecho mis manos... hasta que... mientras mi boca saboreaba la tibia rigidez de su erecto pezón he puesto mi mano entre sus piernas y para mi sorpresa (agradable, extasiante sorpresa) he notado a través de su minúsculo tanga como estaba realmente empapada... Será una profesional..., pero no tengo duda de que hoy, conmigo ha sido una mujer excitada que me deseaba tanto como yo a ella...
Ya no ha habido freno a nada...
Una maravillosa sesión de sexo, intenso, en silencio, sin palabras. Sólo placer, sólo deseo y sólo gozo... He sentido su orgasmo (orgasmos..., que han sido mas de uno; según sus palabras a posteriori... tres) en mi boca, que la ha saboreado como hacia mucho (tal vez nunca) no saboreaba el dulce néctar del la sexualidad femenina. Y luego, ya totalmente abierta, ya totalmente llena de humedad la he penetrado y hemos alcanzado un extasiante orgasmo conjunto que ambos hemos manifestado en gemidos de placer sin contención.
Una maravilla...
Una profesional... tal vez..., pero el dinero invertido ha valido la pena...
Y aquella noche , tras volver a casa, me dormí recordando el sabor y el placer de Alexia... y si la volvería a ver..., tal vez..., ¿por qué no...?.

Pero como se dice en estos casos…, esa es otra historia…

Así viví una parte de mi vida libre como el sol cuando amanece.., así viví el inicio a nuevas vivencias…
Aquí queda la historia para todos y todas…
¿Una historia real…?, eso queda en mi mas absoluta intimidad…


Acabé el Bachillerato - Virumque

Escribo un relato corto, que es un extracto de un hecho casi real. Vivencia que fue cierta, junto con otras imaginadas.

Mi escrito ha surgido como resultado de la circunstancia de que Hipocrit se me ha adelantado en el tema sobre el que iba a escribir (en mi caso no en la isla Vili Varu del archipiélago Maldivas), por lo que ahora no puedo esperar otros 28 días para colgar un nuevo relato sobre las noches de luna llena. Por esto he tenido que rebuscar en mi memoria una situación erótica, de las que me ha tocado vivir o imaginar. He buscado un marco, que para mi es el mejor, junto con una situación un tanto anómala, pero que fue real en cierto modo. La chica existió, el libro está, pero no se donde, algún día aparecerá con las tapas aún manchadas de sudor. El bikini azul turquesa aún sigue en mi mente, como la figura esbelta de la chica de piel blanca, que cuando estuvo detrás de mí me dijo “hola”. Lo demás fue una imaginación y un sueño Aquél insulso mes de mayo del año 1966, del que no recuerdo ningún dato significativo (Franco estaba en el poder y continuaba abierta la guerra del Viet-Nam) apareció una chica que no he vuelto a ver más, indagué sobre ella y sólo pude descubrir que estaba aquel mes de mayo en Port descansando, después de haber salido de la cárcel, una vez cumplida la pena que le había sentenciado el T.O.P. (Tribunal de Orden Público) en Barcelona, por unos hechos que desconozco totalmente.

Acabé el bachillerato (este es el título)

Era a finales del mes de mayo del 66 y recién cumplidos los dieciocho años. Después de conocer las notas de mis exámenes en el Instituto y antes del examen de Preuniversitario en Universidad en Barcelona, decidí ir a pasar tres días en la casa que mis padres tenían en Port de la Selva, con el objetivo de descansar y olvidarme de los días que había estado delante de los libros.

El día de mi partida cogí el tren en la estación de Caldes de Malavella con destino a Llança. El viaje fue interminable. El tren estaba electrificado solamente de Bacelona hasta Massanet-Massanas (estación conocida popularmente como “el empalme”), los vagones de tercera clase del “tren correo” no tenían compartimentos. Los incómodos asientos de madera estaban colocados uno tras de otro por parejas dejando un espacio en el centro a modo de pasillo. Me coloqué al lado de la ventana, me distraía ver el paisaje cuando descansaba de leer la revista semanal que me había comprado en el kiosco de la estación. Respiré durante todo el trayecto la carbonilla que brotaba constantemente de la chimenea de la máquina de vapor. El tren se detuvo en todas las estaciones y en cada uno de los apeaderos del recorrido.

Pasadas más de 4 monótonas horas de tren, llegué a Llança alrededor de las ocho de la tarde. El coche de línea estaba esperando al sólo viajero que descendió al andén para transportarlo por los 8 kilómetros de la serpenteante carretera de Llança, que bordea toda la costa, hasta Port de la Selva.

El mar estaba en calma, auguraba unos días espléndidos, que harían agradable mi permanencia en el pueblo.

Cuando el autocar coronó el Faro de Cernella, se divisó toda la silueta del pueblo, que en aquellos momentos ya estaba dejando de ser de pescadores. La línea blanca y alargada de las apretujadas casas frente al mar, de entre las que la iglesia sobresalía, se abría ante mis ojos.

El corazón se me engrandece siempre que llego a “Port”. Regresan a mi mente todos aquellos recuerdos de mi niñez en los que pasaba mis vacaciones de verano totalmente libre de las ataduras del internado en Barcelona en el que había pasado todo el curso escolar, recuerdos felices de días sin fin, de aquellas largas tardes de salidas en barca regresando al ocaso del sol, que iluminaba de color rojizo los acantilados de la costa norte del Cabo de Creus y le daba un brillo especial al mar.

Ya empezaba a oscurecer, observé desde la ventana del autocar el inmenso espejo en el que la figura lineal del pueblo se reflejada, brillando en el mar los puntos lumínicos que en aquellos momentos empezaban a encenderse. De entre las casas blancas destacaba el inconfundible color rosado de la fachada del “Café España”.

Al día siguiente, después de un reconfortante sueño, me levanté tarde y después de comer algo en el “Café de la Marina”, pensé que sería bueno darme un baño y aprovechar el aquél día soleado. Sin nada más que el bañador, el “niki” y la toalla de baño, me dispuse a andar todo el camino de la ribera, que frente al mar bordea el pueblo, para dirigirme a las playas que están detrás del muelle. El “Pas” tiene las piedras más incomodas que existen en el Mediterráneo, pero sus aguas son las más claras, limpias y frías de todo el Tirreno. Este iba a ser mi primer baño del año.

A medio camino, me paré en la papelería y compré un pequeño relato de García Márquez, cuyo título no recuerdo en estos momentos. Era un libro de bolsillo de escasas hojas, ideal para disfrutar de un día de playa completamente solo. El libro tenía las tapas doradas y la última vez que lo vi aún tenía las manchadas de unas gotas de sudor que habían caído sobre ellas.

Al llegar al “Pas” me senté sobre una roca y me dispuse a leer un buen relato.

La playa estaba totalmente desierta en aquella época del año, el día no era festivo. Me di un baño rápido. El agua estaba gélida, me sequé la piel rápidamente para no coger frío. Me senté sobre la toalla y volví a leer. Al rato, llegó a la playa una señora mayor acompañada de una joven (1). Al principio no me fijé bien en ellas, estaba distraído en mi lectura y me interesaba la historia del náufrago perdido en el mar Caribe.

Las recién llegadas se sentaron frente al mar, apenas unos metros de donde yo me encontraba. La chica ayudó a la señora a que se despojara de la bata que llevaba puesta . Una vez estuvo sentada y acomodada sobre su toalla, la joven procedió a quitarse la blusa blanca que llevaba puesta. En este momento levanté los ojos del libro que estaba en mis manos y la vi con toda su esplendorosa juventud. Su rostro troquelado con dos grandes ojos negros, sus labios rosáceos perfilados, que instaban a besarlos, se escondían en ocasiones tras sus largos cabellos negros, que se movía de manera descompasada por los movimientos de la chica que aún permanecía de pié hurgando en el interior la bolsa de mano que llevaba. Su piel era blanca y delicada, parecía como si hubiera acabado de salir de una caja oculta durante mucho tiempo. Llevaba puesto un bikini azul turquesa que resaltaba sobre su marmórea piel.

Depositó la toalla en el suelo y se tumbó sobre ella. Su cuerpo, alargado, bajo los rayos del sol me excitaba. Miraba de distraerme con mi lectura, pero no podía. La observaba de reojo y no perdía ninguno de sus movimientos.

Cambió de postura y se sentó con las piernas encogidas, rodeándolas con sus brazos en un gran abrazo. Estaba frente a mi, de tal modo que observaba cada uno de mis movimientos. Cada una de las palabras del libro que tenía ante mis ojos parecía que tenían movimiento, las letras corrían de arriba hacia abajo desenfocándose continuamente. Estaba muy nervioso.

La chica se quedó en esta posición hasta que su acompañante hizo ademán de marcharse. La mujer mayor se levantó y la chica la ayudó nuevamente para ponerle la bata. Cuando la señora recogió sus cosas, se marchó sola. La chica se quedó en el mismo sitio y en la misma postura . Yo intenté devorar el libro.

Cuando levanté los ojos no estaba. Aún miraba la toalla vacía, cuando oí su voz que me decía “hola”. Giré mi cabeza y la vi, con toda su belleza, como si brotara de entre las rocas con su bikini azul turquesa. Me preguntó por el libro. Estaba sudando, de mi frente y de todo mi cuerpo emanaban unas grandes gotas de sudor. No estaba preparado para todo lo que estaba viviendo en aquél momento. Una de las gotas de sudor cayó sobre las tapas del libro, mientras ella seguía allí observándome. Tenía un nudo en la garganta que me impedía balbucear una palabra inteligible.

Se sentó a mi lado y rozó mi brazo con el dedo índice de su mano izquierda, todo el bello de mi cuerpo se erizó, notando en mi piel una sensación que nunca antes había sentido. Iba a explotar, tuve que encoger mis piernas para disimular mi sexo, duro, que se erguía de entre mis piernas.

Sin decir ninguna palabra pasó su mano izquierda por mi espalda, mientras que con la otra cogió mi mano derecha y la depositó sobre su sexo, aún vestido con el “cultote” de su bikini. Una vez dejó mi mano pasó la suya por entre mi vientre y el bañador, rozando con sus dedos mi falo erecto.

Me corrí, no aguanté más, pero ella no dijo nada, insistió que la siguiera tocando por encima de la tela del bikini, mientras ella seguía jugando con mi sexo hasta que volvió a crecer como una exhalación. Me besó, sentí sus rosáceos labios sobre los míos. Noté que su lengua salía, húmeda y caliente, de entre sus labios queriendo perforar los míos, abriéndose camino hasta encontrar mi asustada lengua.

La cogí con mis manos, le besé toda su cara, lamí sus dos párpados salados y la volví a besar en la boca. Mis manos, ya liberadas de la timidez, recorrieron todo su cuerpo, deteniéndose en sus duros senos y noté que tenía los pezones erectos. Besé su vientre y su sexo vestido, hasta que lo desnudé completamente, para introducir en él mi lengua hasta lo más profundo de su vagina.

Me quité el bañador y ella con su mano me ayudó a que me introdujera dentro de ella, sentí un calor suave y húmedo que subía desde la punta de mi glande hasta llegar a lo más alejado de mis extremidades. Cabalgamos encima de la roca, no sentíamos dolor, sólo placer, hasta que llegamos al cielo. Quedé exhausto, tumbado sobre la roca mientras, sin decir palabra, ella se vistió y se marchó.

Cuando regresaba a casa no dejé de pensar en ella, pasé por delante del “Café España”, me senté en una mesa frente al mar. María me sirvió un “Campari” con unas patatas fritas. Observé la luminosidad de la lacustre bahía rodeada de pirineicas montañas i las barcas amarradas en el “moll de la Timba”. Miré el libro manchado de sudor. Pensé nuevamente en la chica y me pregunté ¿Por qué cuando estaba detrás de mí no le dije nada?

Cada vez que voy a Port intento recordarla esbelta con su bikini azul turquesa y su cuerpo marmóreo, pero no la he vuelto a ver nunca más.

(1) Para la moderadora “Su” Jurado número ? o sin ser ya jurado, antes de que descuelguen mi relato debo manifestar lo siguiente:

Yo era mayor de edad, lo he dejado muy claro. La chica también era mayor de 18 años (había sido condenada por el TOP), pero sobre esta realidad se podría crear una duda. En aquellos momentos la mayoría de edad estaba en los 21 años. Entiendo, de todos modos, que aplicando el principio de retroactividad de la ley en aquellos casos en que es más favorable para el reo, en mi relato no se produce infracción de norma jurídica alguna, por cuanto la mayoría de edad actual es la de 18 años. Los protagonistas del relato, yo en este caso y la de la chica, son, en aplicación de la norma actual vigente, a todas luces mayores de edad. Tampoco se da el caso en mi relato de un posible escándalo público, por cuanto el acto sexual que se ocurre a plena luz del día y en un lugar público, solamente se dio en la interioridad de mi mente, a pesar de que me sabe muy mal que no hubiere ocurrido realmente.